PERFIL

Soy Diseñadora Gráfica y antes de llegar a Kumon, trabajaba en producción de vestuario y ambientación para comerciales de televisión, actividad que realicé durante 10 años. En muchas ocasiones debía trabajar hasta altas horas de la madrugada o muy temprano, incluso los fines de semana, por este motivo decidí dejar la actividad, quedarme en casa por un tiempo y dedicarme al cuidado de mi familia, la cual me necesitaba. Fue un período muy enriquecedor. Sin embargo, al año comencé a sentir que algo me faltaba, pues siempre había trabajado y estaba acostumbrada a tener un ingreso, pero no quería volver a la producción

CÓMO CONOCIÓ KUMON

Una de mis hijas presentaba dificultades en matemáticas en el colegio y una amiga me recomendó Kumon, un método absolutamente desconocido para mí. Decidí visitar la unidad más cercana y matriculé a mi hija. Ese fue mi primer acercamiento a la metodología, como apoderada.

Cuando pasaba a buscar a mi hija en el centro, conversaba con la orientadora y revisaba el material. Poco a poco Kumon me fue cautivando y la orientadora insistía que me instalara con un centro (unidad) en Chicureo. Mi respuesta siempre era la misma, ¿yo no soy educadora, cómo podría trabajar con niños?

INQUIETUD POR DESARROLLAR UNA ACTIVIDAD

Mi inquietud por desarrollar una actividad aumentaba y fue un domingo cuando un aviso en el diario llamó la atención de mi marido. Era una invitación para participar de una presentación de Kumon y decidí asistir sin muchas expectativas.
Al ingresar a la oficina, me encontré con un grupo de personas muy entusiastas, seguras y convencidas de lo que estaban transmitiendo. Eso me hizo acercarme más a Kumon, participar de la reunión y luego de la capacitación.

AVANZAR AÚN MÁS

Al principio, mis mayores aprensiones se basaron en la falta de experiencia en el trabajo con niños, el temor a no orientar como correspondía a la metodología. Luego de 10 años ha mejorado mucho mi orientación, pero sigo pensando que puedo avanzar aún más y que hay mucho que aprender. Por eso mismo, acepto cada capacitación a la cual soy invitada a participar y la aprovecho al máximo e intento aplicar inmediatamente los conocimientos adquiridos. Estoy siempre atenta a los comentarios de otras orientadoras y lo más importante: observo a mis alumnos, de ellos aprendo cada día.

APOYO DE LA OFICINA, DE MI EQUIPO E INTERCAMBIO CON OTRAS ORIENTADORAS

Desde un principio me sentí muy apoyada por los colaboradores de la oficina central, cada uno de mis coordinadores ha aportado a mi crecimiento como orientadora. El método Kumon genera en las personas un sentimiento de entrega y compromiso muy especial, la cual se refleja en el esfuerzo y el cariño con que preparan cada una de las actividades para las orientadoras.
El intercambio de experiencias con otras orientadoras la considero valiosísima, es una tremenda fuente de aprendizaje. Existe un espíritu incondicional de colaboración que nos permite trabajar con un solo objetivo: mejorar cada día más nuestra orientación.
La relación con mis alumnos se enriquece diariamente, con la maravillosa ayuda de mis asistentes que generan lazos de cariño y confianza con cada uno de nuestros alumnos.

ENTREGA INCONDICIONAL

Ser orientadora me ha permitido formarme como persona y profesional. Me produce una tremenda satisfacción poder ayudar a los niños a desarrollar su potencial. Me enorgullece y emociona cada día ver cómo mis niños se superan y avanzan para alcanzar sus metas. La alegría de escuchar las primeras lecturas de mis alumnos alfabetizados, las primeras cuentas de un preescolar o simplemente contar e identificar los primeros números, son consecuencia de una entrega incondicional a nuestro trabajo diario y perseverante.
Tengo mucho que aprender, desarrollar y entregar. Ahora tengo, sin temor alguno, la confianza de que puedo crecer aún más y constantemente estoy en esa búsqueda que no tiene límites. Todo por los niños.